El átomo de cesio como reloj universal

Desde 1967, un segundo se define como la duración de 9.192.631.770 periodos de la radiación asociada a una transición específica del átomo de cesio-133. Los relojes atómicos que usan este principio son tan exactos que se desvían apenas un segundo cada varios millones de años.

Esa precisión extrema no es un capricho académico: es la unidad de tiempo más exacta que existe, y todo lo demás —desde la frecuencia de una señal de radio hasta la sincronización de una red eléctrica— se apoya en ella.

De relojes atómicos a su GPS

El GPS de cualquier teléfono depende de relojes atómicos a bordo de satélites. Un error de una millonésima de segundo en esa sincronización se traduce en errores de ubicación de varios metros; sin esa exactitud extrema, el margen de error sería de kilómetros.

Es un buen recordatorio de que la metrología rara vez se queda en el laboratorio: sostiene, de forma invisible, tecnologías que usamos todos los días.